por Nestor Miranda
Una historia de vínculos personales, negocios informales y confianza sostenida durante años terminó en un colapso que hoy afecta, al menos, a 36 personas de San Luis.
Se trata de un presunto caso de estafa millonaria que, según los damnificados, se habría desarrollado de manera progresiva y cuyo quiebre se produjo entre fines de 2025 y comienzos de 2026. El monto total del perjuicio superaría los $250 millones.
El acusado, Nicolás Pérez, un hombre conocido en el ambiente comercial y nocturno local, habría desaparecido a mediados de enero. Desde entonces, quienes aseguran haber sido perjudicados no lograron volver a contactarlo y sostienen que abandonó la provincia.
En los últimos días, comenzó a circular en redes sociales un flyer con la imagen del presunto estafador y un pedido de colaboración para aportar datos sobre su paradero. La difusión no forma parte de una búsqueda oficial, sino que fue impulsada por los propios damnificados, quienes sospechan que el hombre podría encontrarse en Córdoba, puntualmente en la ciudad de San Francisco, de donde es oriundo.
El flyer que circula en las redes sociales.
Según relataron las víctimas, Pérez mantenía relaciones de amistad, laborales y comerciales con la mayoría de ellas desde hace varios años. Trabajaba como barbero, organizaba eventos y participaba en distintos emprendimientos, lo que le permitió construir una red de confianza que luego fue clave para captar dinero bajo diferentes modalidades.
Entre los damnificados hay personas que perdieron bienes familiares y otras que hoy continúan pagando créditos tomados a su nombre. Uno de ellos, que prefirió no dar a conocer su identidad, explicó que la cercanía personal fue determinante.
“Éramos amigos. Compartimos fiestas, comidas, nuestras casas, familias. Nunca desconfiamos”, relató.
Según su testimonio, el hombre ofrecía propuestas distintas según cada persona: supuesta compra y venta de celulares Iphone, promesas de rendimientos diarios o mensuales, participación en barberías o emprendimientos nocturnos, y préstamos con devolución en cuotas. “A cada uno nos decía algo distinto”, aseguró.
La modalidad fue similar en todos: inicialmente cumplió con los pagos para sostener la credibilidad y en noviembre comenzó a retrasarse hasta cortar todo contacto.
“Lo que hacía era pedirle plata a uno para pagarle a otro. Era tapar un agujero con otro”, describió el damnificado, quien comparó el mecanismo, según su interpretación, con un sistema tipo Ponzi.
En su caso personal, el perjuicio incluyó la venta financiada de un auto, un Fiat Palio Fire 2014, por el cual asegura que aún se le adeudan 22 cuotas (de 30 en total) de $400 mil cada una, además de otros compromisos económicos. “Cumplió los primeros ocho meses y después dejó de pagar. El vehículo desapareció y no sabemos dónde está”, sostuvo.
"Algunos entregaron ahorros, otros tomaron créditos bancarios, y varios quedaron endeudados con tarjetas de crédito, billeteras virtuales o préstamos personales. Hay familias que quedaron en la nada, gente con hipotecas o deudas que ahora no pueden afrontar”, expresó.
Otra de las víctimas, Martín Rodríguez, relató que conoció a Pérez hace unos cuatro años en la barbería donde trabajaba. “Siempre cumplía. Le prestaba plata todos los meses y me la devolvía. Éramos amigos, hicimos emprendimientos juntos, compartimos cumpleaños familiares”, señaló.
Esa relación de confianza lo llevó a sacar un crédito bancario de más de $2 millones para ayudarlo en la supuesta compra de un auto. “Las cuotas me las pagaba él, hasta que en noviembre empezó a demorarse y después desapareció. Hoy ese crédito lo sigo pagando yo”, explicó.
Para muchos, el punto de quiebre llegó a mediados de enero, cuando comenzaron a circular publicaciones en redes sociales alertando sobre la situación y el acusado dejó de responder mensajes y llamadas. Poco después, dio de baja todas sus cuentas digitales. “A los minutos de que se publicara su imagen, cerró WhatsApp, Instagram, todo”, aseguraron.
Las víctimas manejan distintas hipótesis sobre el destino del dinero: la posible existencia de un tercero que recibía los fondos, el colapso del sistema por intereses impagables o una fuga planificada cuando el esquema dejó de ser sostenible.
“Lo único claro es que se fue sin dar explicaciones y dejó a todos endeudados”, señaló Rodríguez.
La mayoría de los damnificados ya realizó denuncias ante la Justicia, tanto de manera online como presencial. También trascendió que Pérez habría dejado deudas de alquiler y compromisos económicos en distintos lugares donde trabajó, incluida una barbería ubicada sobre calle Las Heras entre Ituzaingó y avenida Presidente Juan Domingo Pérón.








