por Antonella Camargo
Uma volvía. Una y otra vez al mismo lugar. Para entonces, una línea de policías avanzaba hombro con hombro y paso a paso por el predio del Parque Industrial Norte. Ya habían revisado pozos, analizado cámaras y reconstruido prácticamente minuto a minuto las últimas horas de una nena de tres años que llevaba más de seis desaparecida.
La perra, sin embargo, insistía sobre un sector próximo a la vivienda. Su instructora, la inspectora Valeria Martínez, decidió acompañarla una vez más. Incluso cuando la línea de efectivos ya había sobrepasado ese lugar, Uma volvió. “¿Otra vez volvés acá?”, le dijo.

Esta vez revisaron minuciosamente. Entre nylons negros, madera, cartones y otros elementos acumulados, prácticamente oculta a la vista y en medio de la oscuridad, estaba la pequeña. Dormida.
Habían pasado más de seis horas desde aquel llamado al 911 que inevitablemente había devuelto a la memoria de San Luis un nombre imborrable: Guadalupe Lucero.

Una historia que nadie quería repetir
Desde los primeros minutos, el antecedente de aquella desaparición estuvo presente. Otra nena pequeña que no aparecía, una familia que no sabía dónde estaba, la noche que comenzaba a caer y ninguna certeza sobre lo que había ocurrido. Mientras el despliegue crecía en el Parque Industrial Norte, todos esperaban que esta vez la historia fuera diferente.
Pero aquel caso no estuvo presente solamente en el temor. También estuvo en la respuesta.
La experiencia derivó en la elaboración de la Guía Guadalupe, una especie herramienta de actuación interna del ministerio de Seguridad que establece las primeras medidas ante la desaparición de un niño.
Por eso, cuando a las 18:14 del martes ingresó al 911 el llamado que alertaba sobre la ausencia de la pequeña, distintas acciones comenzaron a ejecutarse prácticamente en simultáneo.

Se dio aviso a la Canaf y a la Fiscalía, se ordenó reforzar los puestos limítrofes y comenzaron a movilizarse los primeros recursos. Alrededor de las 18:30, los motoristas ya estaban en el Parque Industrial Norte.
El sector de la fábrica abandonada donde reside la familia quedó establecido como zona cero. Se cubrieron los accesos y las cuatro esquinas que rodean la manzana, mientras comenzaban a llegar más policías, Canes, Bomberos, Criminalística, drones, brigadistas y cadetes del Instituto Superior de Seguridad Pública.
Había un factor que aceleraba todavía más la preocupación: estaba anocheciendo y el lugar presentaba complejidades. Fábricas, galpones, terrenos abiertos, pastizales altos, construcciones abandonadas y sectores con escasa visibilidad componían el escenario.

Todas las hipótesis estaban abiertas
La familia había asegurado que ya había buscado a la nena dentro de la vivienda sin encontrarla. Por eso, durante los primeros momentos, una parte importante de los rastrillajes se concentró en los alrededores de la fábrica abandonada y los descampados del Parque Industrial Norte.
La Fiscalía dirigía la investigación y dispuso que Homicidios tuviera a su cargo las tareas en la zona cero, junto con Policía Científica, Canes y otros recursos especializados. La decisión llevaba la investigación hacia la posibilidad del peor desenlace: había que preservar el lugar y buscar rastros, huellas o cualquier evidencia que pudiera resultar determinante ante un eventual escenario criminal.
Seguridad, en cambio, avanzó en paralelo sobre otra pregunta: qué había ocurrido con la nena desde que salió del hospital hasta que su familia advirtió que no estaba. Esa reconstrucción terminaría siendo decisiva para modificar el rumbo del operativo.

La búsqueda también comenzó a extenderse fuera de San Luis antes de la activación de la Alerta Sofía. La Policía cuenta con un grupo interno para casos de paradero de menores, integrado por autoridades de Seguridad, jefes de distintas unidades y la Canaf, donde la información comenzó a circular desde los primeros momentos. En paralelo, el jefe de la Policía, Juan Carlos Serrano, compartió la búsqueda en un canal que integra junto a sus pares de todo el país. Así, cuando horas después la Justicia gestionó la Alerta Sofía, las fuerzas de otras provincias ya estaban notificadas.
Una mamá, un hospital y la comida que esperaba
Una de las prioridades era reconstruir las horas anteriores.
La madre contó que había llevado a su hija al Hospital del Oeste porque estaba enferma. Después había pasado por un supermercado ubicado en la zona de España y Lafinur para comprar alimentos y finalmente había regresado con ella hasta el Parque Industrial Norte.
Al llegar, se puso a cocinar mientras la pequeña jugaba a las escondidas con su hermano.
Entre lágrimas, durante la reconstrucción de aquellas horas, la mujer repetía una escena sencilla y desgarradora: tenía la comida calentita para darle a su hija.
Cada parte de ese relato comenzó a ser contrastada.
Los registros del Hospital del Oeste confirmaron que la niña había ingresado acompañada por su mamá a las 14:58 y había recibido atención médica. Las imágenes obtenidas en la zona de España y Lafinur permitieron reconstruir otra parte del recorrido, a las 16:33.
La Policía también logró contactar al conductor de la aplicación que las había trasladado. Confirmó que la mujer viajaba acompañada por una nena y que había dejado a ambas en el lugar donde residían.
Todavía faltaba un tramo.
Los 40 minutos que cambiaron la búsqueda
Mientras la Fiscalía dirigía las medidas en la zona cero, el ministerio de Seguridad comenzó otra búsqueda: la de las cámaras de las fábricas que rodean el predio. Dos fueron los objetivos, porque estaban frente al predio: Varteco y Droguería Suizo Argentina.
Una de ellas terminó siendo determinante.
Las imágenes tenían una perspectiva privilegiada sobre el sector, aunque su calidad era baja. El registro comenzó a ser revisado detenidamente para establecer qué había ocurrido desde el regreso de la madre y su hija.
A las 17:20, un vehículo llegó hasta las inmediaciones de la fábrica. Una mujer bajó acompañada por una niña y ambas ingresaron al predio.

Después, nada fuera de lo habitual.
Pasaron los minutos y no había registros de que la pequeña hubiera salido.
Recién alrededor de las 18 comenzó a advertirse nuevamente movimiento. Personas salían del lugar y la secuencia coincidía con el momento en que la familia comenzó a buscarla.
Aquellos aproximadamente 40 minutos empezaron a modificar la lectura del caso.
Si la nena había llegado con su mamá y las cámaras no mostraban que hubiera abandonado el lugar, cobraba cada vez más fuerza una posibilidad: seguía dentro del predio.

Las autoridades del ministerio transmitieron esa hipótesis a la Fiscalía. La fiscal Antonella Córdoba, una vez preservadas las evidencias necesarias ante cualquier otro posible desenlace, autorizó profundizar la búsqueda de una manera diferente.
Ya no se trataba solamente de recorrer el terreno.
Había que avanzar hombro con hombro y paso a paso.

El temor de los pozos
La certeza creciente de que la pequeña podía seguir dentro de aquella manzana trajo otro miedo.
En el predio había pozos. La noche ya había avanzado y hacía frío.
Bomberos recibió la indicación de revisar nuevamente esos sectores y llevar un control de los lugares inspeccionados. Si la niña había caído accidentalmente en alguno, cada minuto comenzaba a importar todavía más.
Los efectivos formaron una línea. Brigadistas marcaron el avance y comenzó un peinado minucioso del terreno, desde adentro hacia afuera.
Pero mientras la línea avanzaba, había otra señal que desde hacía un tiempo llamaba la atención.
Uma siempre volvía.
“Otra vez volvés acá”
La perra Bloodhound de la División Canes había regresado varias veces hacia un mismo sector próximo a la vivienda.
Martínez ya había advertido ese comportamiento. Mientras los policías continuaban con el rastrillaje hombro con hombro, la instructora decidió hacer otra pasada con Uma.
La línea avanzó hasta superar el sector de la casa.
Uma volvió.
Su insistencia ya no podía pasar inadvertida.
La ministra escuchó cuando Martínez le dijo a la perra “otra vez volvés acá” y le pidió que insistiera en ese sector. La agente regresó con ella y revisó nuevamente el lugar. Allí había nylons negros y numerosos materiales acumulados que dificultaban enormemente la visión, especialmente durante la noche.
Entonces llegó el grito: “Jefa, acá está”.
Detrás de aquellos nylons estaba la nena.
Dormida.
La habían encontrado a pocos metros del lugar donde había comenzado todo.
El llanto que terminó con seis horas de angustia
Todo ocurrió muy rápido a partir de ese momento.
La pequeña despertó y comenzó a llorar. Después de horas en las que cada escenario había sido posible, ese llanto fue la primera certeza de que estaba bien.
Nancy Sosa corrió hacia el lugar. Como Martínez estaba con Uma, recibió a la pequeña en brazos y la llevó hasta el personal de Sempro. Todo quedó captado.
Una ambulancia había ingresado al predio. La niña fue asistida y subió al vehículo. Inmediatamente fueron a buscar a su mamá para que pudiera reencontrarse con ella.

Afuera todavía no sabían exactamente qué había ocurrido.
Hasta que desde el interior comenzaron a escucharse aplausos.
Eran cerca de las 0:15 del miércoles. Minutos después, la noticia atravesó el operativo y empezó a difundirse: la habían encontrado con vida y estaba en buen estado.
La búsqueda que había movilizado a alrededor de 200 efectivos directamente en el Parque Industrial Norte y a cerca de 400 personas si se contabilizaba todo el dispositivo provincial había terminado.

Durante seis horas, San Luis temió volver a enfrentarse a algo que conoce demasiado bien. Esta vez, el desenlace fue otro. La nena nunca había salido de aquella manzana. Estaba detrás de unos nylons, dormida, mientras afuera cientos de personas la buscaban.
Guadalupe había vuelto inevitablemente a la memoria. Pero su nombre también estuvo presente en la Guía Guadalupe, nacida de aquella experiencia y de una premisa fundamental: ante un niño que falta, ningún minuto puede darse por perdido.





